UNA REFLEXIÓN SOBRE EL MINDFULNESS Y SU PAPEL EN LOS PROCESOS DE CAMBIO PSICOLÓGICO.
Introducción:
Es innegable: cada vez más personas han oído hablar del mindfulness. De un tiempo a esta parte este concepto se ha introducido en el imaginario colectivo, y mucha gente ha empezado a utilizarlo, no siempre rigurosamente, como sinónimo de calma, tranquilidad, desconexión…
Al mismo tiempo, la práctica del mindfulness ha ido ganando presencia también en los procesos de terapia, y los profesionales de la psicología cada vez tienen más en cuenta sus utilidades.
Estas son las razones por las que he querido dedicar este texto a transmitir mi visión del mindfulness desde un punto de vista personal, profesional, y como codirector de ACTUA Psicoterapia.
Ya os lo avanzo, para mi el mindfulness no es una moda, como tampoco es una técnica de relajación ni un método de pensamiento positivo. Entonces, ¿qué es?

¿Qué es el mindfulness?
El mindfulness es una práctica que habitualmente se entrena mediante diferentes técnicas de meditación y que, según Tich Nhat Hanh consiste en “mantener la consciencia habitando la realidad presente”. Esta definición del maestro vietnamita destaca per su sencillez, tal como lo hacía él.
Jon Kabat-Zinn, unos años más tarde, añadía algunos conceptos importantes a la definición, cuando afirmaba que el mindfulness es “la conciencia que surge de prestar atención, de forma intencional a la experiencia tal como es en el momento presente, sin juzgarla, sin evaluarla y sin reaccionar a ella”.
En estas definiciones ya percibimos algunos de los aspectos que, en mi opinión, son más importantes:
- El componente de intención por parte del participante: Por esto me gusta definir el mindfulness como práctica.
- El componente de consciencia: Ser consciente, poner atención, darse cuenta.
- El componente del momento presente: Evitando las distracciones de la mente al situarse en el pasado o en el futuro.
- El componente de no juzgar: Evitando clasificar las experiencias como a “buenas o malas”, y aprendiendo a aceptarlas tal como son.
- El componente de no reaccionar: Evitando dejarse llevar por impulsos automáticos que muchas veces no son demasiado saludables.
Y precisamente este último punto, el de evitar reacciones automáticas no saludables, es una de las claves que convierte el mindfulness en un aliado perfecto para los procesos de cambio personal como son los procesos psicológicos, o de recuperación de las adicciones.
Pero ¿por qué es tan relevante?
El problema de las reacciones automáticas:
El sufrimiento y el malestar son inherentes a la condición humana. Esto significa que todos nosotros hemos pasado y pasaremos por momentos desagradables. Una decepción, un miedo, un dolor o un fuerte enfado pueden ser situaciones desagradables de las que de una manera natural intentamos escapar.
A veces, la urgencia por evitar esta sensación desagradable puede hacer que tomemos medidas inmediatas, de una forma impulsiva, y no siempre son las mejores decisiones.
En muchos casos las conductas adictivas y muchos otros patrones psicológicos problemáticos son estrategias para afrontar malestares. Estas estrategias han dado muy buen resultado a corto plazo: consumir alcohol u otras drogas, pasar la tarde jugando a videojuegos o apostando, o dedicar horas a comprar o a mirar pornografía, son conductas que producen una evasión casi inmediata de una realidad que tal vez resultaba incómoda. Por eso nuestro cerebro las ha guardado como respuesta automática.
A medio y largo plazo, estas estrategias han empezado a ser insostenibles, generando mucho más malestar del que evitaban inicialmente, pero muchas personas nos vemos atrapadas en su repetición, buscando los resultados que obtuvimos al principio y hundiéndonos cada vez más en el pozo de la adicción.
Con otros trastornos psicológicos pasa algo parecido, cuando estrategias de afrontamiento automáticas dejan de ser beneficiosas, pero las repetimos sin ser conscientes de ello hasta que contribuyen a empeorar el problema.
Repito: Las repetimos sin ser conscientes de ello. ¿Recordáis que el mindfulness consistía en poner consciencia?
Este mecanismo es el que se conoce como piloto automático, y aquí es donde el mindfulness tendrá mucho que decir.

¿Qué aporta el mindfulness a la psicoterapia?
La práctica del mindfulness entrena nuestra capacidad para observar lo que esta pasando dentro nuestro antes de reaccionar a ello. Este pequeño espacio de observación entre lo que pasa y como respondemos a ello es muy importante.
De hecho, es la clave que nos ayuda a salir del piloto automático, permite generar una mayor capacidad de conciencia y darnos cuenta de los mecanismos que dirigen nuestra conducta. Tomar conciencia de respuestas que tenemos automatizadas será el primer paso para poder cambiarlas.
Y no tan solo ayuda a poner conciencia sobre los patrones automáticos sino también sobre el universo emocional de cada uno. Si os fijáis, veréis que vivimos en un modelo sociocultural muy desconectado de las emociones. ¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase de “no llores” que tan a menudo se les dice a los niños? Muchos de nosotros crecemos con la idea que las emociones son algo que hay que esconder, incluso vergonzosas, y nos entrenamos para desconectarnos de ellas.
En mi experiencia con el mindfulness he podido comprobar en primera persona, y también en muchos practicantes a quienes he acompañado, que la práctica te permite ir reconectando con las emociones y poco a poco, ir descubriendo a estas grandes desconocidas.
Poner conciencia y aprender a identificar las emociones, obviamente, también será un gran aliado para la psicoterapia. En lugar de evitar sentir aquello desagradable, la práctica del mindfulness te permite aprender a sostenerlo, no huir, y desde esta posición mas serena, es más fácil tomar mejores decisiones.
¿Qué NO es el mindfulness?
No quería acabar este escrito sin dedicar unas líneas a desmontar algunas creencias erróneas sobre el mindfulness, ya que creo que es importante para no generar falsas expectativas que pueden provocar frustración y malentendidos entre los participantes de los cursos:
Por ejemplo, el mindfulness:
- No es dejar la mente en blanco: De hecho, esto es prácticamente imposible. La idea es poder darte cuenta del funcionamiento de tu mente y no dejarte arrastrar por ella.
- No es pensar en positivo: Se trata más bien de aceptar que lo que es, es, más allá de la valoración positivo o negativo.
- No es eliminar emociones desagradables: Es reconocerlas, identificarlas, y entender porque están ahí.
- No substituye la terapia: Puede ser un muy buen complemento a la psicoterapia y potenciar sus beneficios, pero no substituirla.
- No es sentirse bien constantemente: A veces la práctica nos pone en contacto con cosas que estábamos intentando evitar.

Conclusión:
Como muchas otras personas, descubrí el mindfulness en una etapa de mi vida en que la angustia y el ritmo vital me desbordaban. Me apunté a un curso de mindfulness pensando que meditar me calmaría, y de alguna manera lo hizo, pero no como yo pensaba.
Lo que la práctica del mindfulness me ha enseñado ha sido algo muy simple: A parar.
Dejar de reaccionar y querer resolver, dejar de ocuparme de todo para conseguir estar bien. Parar y observar. Lo que siento que está bien, y lo que siento que no está bien también. Solo observar.
En esta pausa poco a poco y observando sin prisa, he ido viendo mas claro qué convenia en cada caso. A veces simplemente aceptar, y otras veces tomar decisiones más serenas.
Esta vivencia personal es la que he intentado trasladar a nivel profesional. Con el apoyo de todo el equipo de ACTUA, esto es lo que intentamos transmitir en los cursos de mindfulness: El valor de parar.

