Teresa es una mujer de media edad con una vida adaptada, vive en pareja y están esperando su segundo hijo, viven en una capital de provincia y a menudo coge el transporte público para ir al trabajo. Un día como los otros, hay una avería y el tren se para a un túnel, una intensa sensación de miedo empieza a apoderarse de Teresa, el corazón se le acelera, se ahoga y una sensación de angustia muy fuerte se apodera de toda ella, alrededor todo parece normal, la gente espera que llegue la solución y ella disimula, pero lo pasa muy mal. No es la primera vez que le pasa, siempre que se encuentra en situaciones donde se siente atrapada, sin salida, a oscuras y con mucha gente, se siente angustiada y te reacciones físicas y psicológicas que casi no puede controlar.

En la vida podemos sufrir experiencias que nos superan para el momento en que nos pasan, situaciones que ponen en peligro nuestra integridad o acontecimientos relacionales difíciles, nos generan una huella emocional que se activa ante aquellos estímulos que la mente asocia al trauma, no es necesario tener un recuerdo concreto del acontecimiento traumático, se trata de un aprendizaje asociativo que nos genera la reacción de protección ante aquello que la mente interpreta como una amenaza.
Cuando a consulta recibimos una demanda relacionada con un bloqueo vital o dificultad ante determinadas situaciones, el más importante es establecer un buen vínculo terapéutico y crear conjuntamente un espacio de seguridad y regulación, aprender como la ansiedad nos afecta, poner palabras al pensamiento, emoción y conducta de los que se compone la sensación desagradable, es importante para familiarizarnos con ella y desarrollar recursos para sostener y gestionar la activación, de este modo estamos preparados para abordar las experiencias vitales traumáticas.
El abordaje de estos casos con EMDR nos permite desensibilitzar y reprocesar acontecimientos traumáticos de una manera amable y gradual, no hace falta incluso que haya una conciencia clara del acontecimiento concreto puesto que, a menudo se trata de situaciones que durante nuestra infancia o juventud se repitieron de forma persistente e interpretamos como limitantes y amenazantes, tampoco se trata de establecer culpables ni de encontrar significados o causas, tan solo de hacer memoria corporal del que sentimos con cada impronta que visitamos y dejarnos llevar por el que la propia mente vaya escogiendo recordar, para sacarlo del pozo del trauma y llevarlo a un lugar más consciente que nos permita hacer el luto y asearlo adecuadamente.

Contrariamente al que a veces tememos, el abordaje con EMDR es amable y reparador, nos aseguramos muy bien de cerrar las sesiones con sensibilidad y estas no tienen una digestión difícil, todo el contrario, el que es habitual y objetivo terapéutico es que el malestar vaya perdiendo intensidad de forma gradual, de forma que nos afecte menos en nuestro funcionamiento diario.
En el caso de Teresa, el que se manifiesta ante ciertos estímulos no es tanto una fobia concreta sino la señal de un sistema que lo advierte ante el que ha aprendido que es una amenaza, poner luz y entenderlo desde un espacio seguro, le permitirá transformar esta reacción en una experiencia más normalizada. El trauma deja huella pero no se invencible, si tenemos el acompañamiento que necesitamos, el cuerpo y la mente aprenden que aquello que un día supuso un peligro, hoy ya ha pasado y es posible volver a vivir en calma y confianza.

